La autora, investigadora infatigable, hizo un valioso hallazgo en la biblioteca de la Casa Histórica de la Independencia: el manuscrito autógrafo del cura Dr. Miguel Martín Laguna, compuesto por tres cuadernos lamentablemente incompletos, titulado Historia Civil y Política del Tucumán, que ha transcripto y publicado recientemente.
Laguna fue un personaje singular. Nació en Tucumán y era el hijo mayor de Miguel Laguna, comerciante español, y Francisca Bazán, descendiente de conquistadores. Siguió la carrera eclesiástica en Córdoba. Desde 1795 y durante 36 años fue cura y vicario de Trancas, una de las parroquias más importantes de la provincia. Al producirse la Revolución de Mayo se mostró decidido realista, lo que indignó a Manuel Belgrano, pero esto no es lo más importante de su personalidad, sino su manuscrito. Un texto que lo muestra como hombre estudioso, de  vastas lecturas y lo erige en el primer historiador tucumano.
El manuscrito da la impresión de haber sido escrito al correr de la pluma y puede dividirse en dos partes. La primera es una memoria descriptiva de Tucumán en la que consigna datos sobre la fertilidad de la tierra; fauna, flora y minería; clima, fenómenos telúricos, geografía; población, costumbres y alimentos; enfermedades regionales; producciones (como los primeros ensayos de fabricación de azúcar de caña).
La segunda parte es un ensayo histórico en el que se advierte la influencia de la Historia del Padre Pedro Lozano. Habla de los aborígenes en el período prehispánico con interesantes observaciones sobre la  relación entre el clima de una región y la idiosincrasia de los habitantes. A continuación se refiere al Tucumán hispánico, a personajes ilustres como Ramírez de Velasco, Fr. Francisco de Victoria,  San Francisco Solano. A levantamientos indígenas como el del falso Inca Bohórquez. Luego habla  sobre los indios del Chaco y sobre el carácter de los tucumanos. Finaliza con una breve reseña de la primera San Miguel de Tucumán; del lugar de su fundación; del ataque del cacique Gualán;  de sus años finales en el sitio de Ibatín, hasta su traslado.
La autora agrega un útil Vocabulario de palabras usadas en el manuscrito que hoy no están vigentes.  Para sintetizar, podemos decir que es una obra que merece estar en la biblioteca de los estudiosos de nuestro pasado. © LA GACETA